Pequeños lectores

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viernes, 29 de julio de 2011

Relato breve. Cierra tus ojos...

-Cierra tus ojos-
+No quiero-
-Confía en mi-
+Ok-
+Y ahora.
-Y ahora dejate llevar(y la besa)

sábado, 7 de mayo de 2011

El hombre pálido de Francisco Espínola

Todo el día estuvo toldado el sol, y las nubes, negruzcas, inmóviles en el cielo, parecían apretar el aire, haciéndolo pesado, bochornoso, cansador.
A eso del atardecer, entre relámpagos y truenos, aquéllas aflojaron y el agua empezó a caer con rabia, con furia casi; como si le dieran asco las cosas feas del mundo y quisiera borrarlo todo, deshacerlo todo y llevárselo bien lejos.
Cada bicho escapó a su cueva. La hacienda, no teniendo ni eso, daba el anca al viento y buscaba refugio debajo de algún árbol, en cuyas ramas chorreaban los pajaritos, metidos a medias en sus nidos de paja y de pluma.
En el rancho de Tiburcio estaban solas Carmen, su mujer y Elvira, su hija.
El capataz de tropa de don Clemente Farías, había marchado para “adentro” hacía una semana.
En la cocina negra de humo se hallaban, cuando oyeron ladrar el perro hacia el lado del camino. Se asomó la muchacha y vio a un hombre desmontar en la enramada con el poncho empapado y el sombrero como trapo por el aguacero.
-¡León! ¡León! ¡Fuera! Entre para acá- gritó Elvira.
-¿Quién es?- preguntó la vieja sin dejar de revolver la olla de mazamorra.
-No lo conozco.
La joven volvió al lado de su madre y quedó expectante.
-Buenas tardes.
Agachándose –la puerta era muy baja-, el hombre entró.
-Buenas. Siéntese. ¿Lo ha derrotado l`agua? Sáquese el poncho y arrimeló al fogón.
-Sí, es mejor. Aquí, no más.
El hombre colgó su poncho negro en un gran clavo cerca del fuego y sacudió el sombrero. Después se sentó en un banco.
-¿Viene de lejos? -curioseó la madre.
-De Belastiquí.
-¿Y va?
-Pa l’estancia’e Molina, en el Arroyo Grande. Pensaba llegar hoy a San José, pero me apuré mucho por el agua y traigo cansadazo el caballo. Así que si me deja pasar la noche...
-Comodidá no tenemos ... puede traer su recao y dormir aquí, en todo
caso.
-¡Como no!... Estoy acostumbrao.
La muchacha, ahora acurrucada en un rincón, lo miraba de reojo. Y cuando oyó que iba a quedarse, sintió clarito en el pecho los golpes del corazón.
Es que cada vez más le parecía que aquel hombre delgado y alto, de cara pálida en la que se enredaba una negrísima barba que la hacía más blanca, no tenía aspecto para tranquilizar a nadie...
La vieja le interrumpió sus pensamientos diciendo:
-A ver, aprontá un mate.
Y siguió revolviendo la mazamorra, mientras daba conversación al forastero, que acariciaba el perro y retiraba la mano cuando éste rezongaba desconfiado de tanto mimo.
Elvira tiró la yerba vieja, puso nueva, le hizo absorber primero un poco de agua tibia para que se hinchara sin quemarse. En seguida, ofreció el mate al desconocido. Este la miró a los ojos y ella los bajó, trémula de susto. No sabía porqué. Muchas veces habían llegado así, de pronto, gente de otros pagos que dormían allí y al otro día se iban. Pero esa nochecita, con los ruidos de los truenos y la lluvia, con la soledad, con muchas cosas, tenía un tremendo miedo a aquel hombre de barba negra y cara pálida y ojos como chispas.
Se dio cuenta de que él la observaba. Los ojos encapotados, sorbiendo lentamente el mate, el hombre recorría con la vista el cuerpo tentador de la muchacha...
¡Oh, sí!, había que cansar muchos caballos para encontrar otra tan linda.
Brillante y negro el pelo, lo abría al medio una raya y caía por los hombros en dos trenzas largas y flexibles. Tenía unos labios carnosos y chiquitos que parecían apretarse para dar un beso largo y hondo, de esos que aprisionan toda una existencia. La carne blanca, blanca como cuajada, tibia como plumón, se aparecía por el escote y la dejaban también ver las mangas cortas del vestido. El pecho abultadito, lindo pecho de torcaza; las caderas ceñidas, firmes; las piernas que se adivinaban bien formadas bajo la pollera ligera; toda ella producía unas ansias extraña en quien la miraba, entreveradas ansias de caer de rodillas, de cazarla del pelo, de hacerla sufrir apretándola fuerte entre los brazos, de acariciarla tocándola apenitas... ¡yo qué sé!, una mezcla de deseos buenos y malos que viboreaban en el alma como relámpagos entre la noche. Porque si bien el cuerpo tentaba el deseo del animal, los ojos grandes y negros eran de un mirar tan dulce, tan real, tan tristón, que tenían a raya el apetito, y ponían como alitas de ángel a las malas pasiones...
Embebecido cada vez más en la contemplación, el hombre sólo al rato advirtió que la muchacha estaba asustada. Entonces, algo le pasó también a él.
Su mano vacilaba ahora al tenerla para recibir o entregar el mate.
Elvira iba entre tanto poniendo la mesa. Luego, los tres se sentaron silenciosos a comer. Concluída la cena, mientras las mujeres fregaban, el hombre fue bajo la lluvia hasta la enramada, desensilló, llevó el recado a la cocina y se sentó a esperar que hicieran la lidia jugando con el perro, con León que, por una presa tirada al cenar, había perdido la desconfianza y estaba íntimo con el desconocido.
-¡Mesmo qu`el hombre!- pensó éste.
Y siguió mirando el fuego y, de reojo, a Elvira.
Cuando terminaron la tarea, la madre desapareció para tornar con unas cobijas.
-Su poncho no se ha secao. Hasta mañana, si Dios quiere.
-Se agradece.
-¡Buenas noches!- deseó la muchacha cruzando ligero a su lado con la cabeza baja.
-Buenas.
Las dos mujeres abrieron la puerta que comunicaba con el otro cuarto, pasaron y la volvieron a cerrar. Al rato, se oyó el rumor de las camas al recibir los cuerpos, se apagó la luz...Todo fue envolviéndose en el ruido del agua que caía sin cesar.
El hombre tendió las cacharpas, se arrebujó en las mantas con el perro y sopló el candil.
El fogón, mal apagado, quedó brillando.
II
Un rato después se empezó a oír la respiración ruidosa y regular de la vieja. Pero en la cama de Elvira no había caído el descanso. Ahora que su madre dormía, el miedo la ahogaba más fuerte. El corazón le golpeaba el pecho como alertándola para que algún peligro no la agarrara en el sueño, y su vista trataba en vano de atravesar las tinieblas... De cuando en cuando rezaba un Ave María que casi nunca terminaba, porque lo paraba en seco cualquier rumor, que la hacía sentar de un salto en la cama.
A eso de la media noche, bien claro oyó que la puerta de la cocina que daba al patio había sido abierta, y hasta le pareció sentir que el aire frío entraba por las rendijas. Tuvo intención de despertar a su madre, pero no se animó a moverse. Sentada, con los ojos saltados y la boca abierta para juntar el aire que le faltaba, escuchó. No sintió nadita. Y aquel silencio, después de aquel ruido, la asustaba más aún. No sentía nadita, pero en su imaginación veía al hombre de la barba negra clavándole los ojos como chispas; veía el poncho negro, colgado del clavo, movido por el viento como anunciando ruina... y como para convencerla de que era verdad que la puerta había sido abierta, seguía sintiendo el aire frío y percibía más claramente el ruido de la lluvia...
En efecto: el hombre, que se echó no más, sobre el recado, se había levantado, lo llevó otra vez a la enramada y, después de ensillar, había salido a pie hasta la manguera que estaba como a una cuadra dejándose pintar de rosado por los relámpagos. El agua le daba en la frente. Por eso avanzaba con la cabeza gacha.
Otro hombre le salió al encuentro, el poncho y el sombrero hecho sopa.
Era un negro.
-¿Están las mujeres solas?- preguntó ansioso.
Sombrío el otro respondió:
-Sí
-La plata tiene qu`estar en algún lao. Empecemos.
-No. No empezamos.
-¿Qué hay?
-Hay que yo no quiero.
-¿Qué no querés?
- Sí, que no quiero.
- ¿Pero estás loco?
-Peor pa mí si m`enloquecí. Pero ya te dije. Vamonós p`atrás.
-¿El qué?
-No hay qué que te valga. Como siempre, te acompaño cuando quieras; pero esta noche, no. Y aquí, menos.
-¡Hum! Si te salieran en luces malas los que has matao, te ciegaría la iluminación, y ahora te ha entrao por hacerte el angelito.
-Nadie habla aquí de bondá. Digo que no se me antoja y se acabó.
-Peor pa vos. Iré yo solo. ¡Que tanto amolar por dos mujeres!
-Es que vos tampoco vas a ir.
-¿Desde cuando es mi tutor el que habla?
-Desde que tengo la tutora- bramó el interpelado tanteándose la daga.
-¡Ah! ¿Querés peliar? ¡Me lo hubieras dicho antes! Seguramente ya habrás hecho la cosa y quedrás la plata pa vos solo. Pero no te veo uñas, mi querido.
Venite no más- y desenvainó su cuchillo.
-¡Callate, negro de los diablos!- rugió el otro yéndosele arriba.
A la luz de los relámpagos, entre los charcos, los dos hombres se tiraban a partir. El de la barba negra, medio recogido el poncho con la mano izquierda, fue haciendo un círculo para ponerse de espaldas a la lluvia. Comprendiendo el juego, el negro dio un salto. Pero se resbaló y se fue del lomo. El otro esperó a que se enderezara y lo atropelló. La daga, entrando de abajo a arriba, le abrió el vientre y se le hundió en el tórax.
-¡Jesús, mama!- exclamó el negro.
Fue lo único que dijo. La muerte le tapó la boca.
El otro, en las mismas ropas del difunto limpió su daga. Después enderezó chorreando agua, montó y salió como sin prisa, al trotecito.
-¡Pucha que había sido cargoso el negro!- murmuraba- ¡Le decía que no, y el que sí, y yo que no, y dale! ¡Estaba emperrao!...
La lluvia, gruesa, helada, seguía cayendo.

Francisco Espínola

sábado, 23 de abril de 2011

Mi micro relato 2

Como dije en mi micro relato anterior entra....
Me encontraba leyendo mi libros de poemas, suelo hacer eso cuando estoy triste, me siento en mi cama y comienzo a leer, tratando de encontrar una respuesta a mis problemas, y sorprendida lo encontre, un poema de amistad, justo lo que necesitaba, pero no lo encontre en el libro, si no en un mensaje que mi mejor amiga me había mandado. En ese mismo día en la mañana, yo me había peliado con mi mejor amiga, que al parecer ya no era tan mi mejor amiga, ella me había traisionado, engañado, roto mi corazón, perdiendo así nuestra amistad, y mi confianza.
Perdóname si te fallé
Se que lo hice, amiga mía
Perdóname si te saqué
Un pedazo de alma perdida
Perdóname sin preguntar
Y volvamos a empezar
Porque cuando un amigo se va
Queda un espacio vacío
Y no lo puede llenar la llegada de otro amigo
Lo que vivimos fue único para mi
Espero que para ti también haya sido así
La puerta de mi vida estará abierta
Y cuando quieras venir
No preguntes nada "solo entra".

Es un  gran poema, un poema que me hizo llorar, pero mi orgullo, era y sigue siendo más grande, ¿Como perdonarte con tan solo un poema?. Una verdadera amiga no te engaña de esa manera, una verdadera amiga te dice todo de nfrente, saben lo que le respondi?.
Perdoname tú,
por creer en ti,
lo siento pero no puedes,
volver el tiempo atrás,
Lo siento pero no puedes,
esta herida ya curar. :(.
Mi tristeza aún sigue, no te puedo perdonar, y así continue el resto del día en mi habitación, con la música a todo lo que da, desahogando mis penas con la lectura de los mejores poemas.
Se que suena duro, lo se, pero ahí veces que mil perdones no solucionan las cosas, y hoy me pregunto por que, por que perdí esa amistad, y hoy sigo aquí pensando en que pasara.

La proxima mini historia sera sobre un día un el cole bye

jueves, 21 de abril de 2011

mi mini relato....una historia inventada por mi :)

Me encontraba sola en mi habitación, la puerta estaba cerrada, y la música a todo volumen.  Solo yo  sentada en mi cama con mi libro de poemas abierto. Me encanta escribir, desde chica eh soñado ser una escritora famosa, pero mi sueño no lo podría realizar ni aunque quisieras, pues mis padres se oponen, dicen que me voy a morir de hambre, que lo más probable es que nadie lea cuentos dentro de unos años. Pero yo creo que el futuro se puede cambiar, se que si queremos podra cambiar, y todavía tengo la ilución de que más gente lea, porque es muy bueno leer, te quita las falta de ortografía, te abre la imaginación, y te entretiene.
Yo cada tarde cuando mis padres se van, me encierro en mi habitación y comienzo a escribir, luego me acuesto sobre mi cama y comienzo a soñar despierta, sueño mi vida ideal, mi felicidad, y eso me inspira, aún más.
Recuerdo que mi abuela siempre me decía-Has de tu vida un sueño, y de ese sueño una realidad-. Y eso intento, sin que mis padres se enteren entro a concursos online, y ya eh ganado muchos, al parecer soy algo bueno, y ahora yo sere un personaje que veran mucho en este blog, colocare muchas cosas mías, pues mini historias de mi vida, tal vez de mi vida imaginaría, o de mi vida real.
Y aún sigo aquí, en mi habitación leyendo uno de mis poemas preferidos, amo los poemas, son como la ventanita al alma, yo creo que si alguien me quiere conocer de verdad solo debe leer un poema mio, donde reflejo mi forma de pensar, mis sentimientos, mi vida.

Jaja este personaje lo cree yo jaja en si no soy yo, muchas cosas son cambiadas, lo que yo hice fue inventar a un personaje que aparecera mucho en este blog, mostrando su vida, sus sentimientos, pero quiero aclarar que no soy yo. Por que por ejemplo a mi, si mis padres me comprenden cuando digo que me gusta la escritura, bueno nada besos, esta historia continuara....

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